martes, 16 de abril de 2013

Mis CDs favoritos(3): Brahms, Quinteto con clarinete (Jack Brymer)




De entre los instrumentistas de viento, los clarinetistas se pueden sentir privilegiados, por tener uno de los repertorios de mayor calidad de su grupo. Tan sólo citando a Mozart o Brahms ya tenemos unas cuantas obras maestras que serán la envidia de flautistas, oboistas, etc. El quinteto o el concierto de Mozart, las sonatas de Brahms o el quinteto de éste último, que es la obra que nos ocupa.
El Quinteto op. 115 está compuesto para clarinete y cuarteto de cuerdas, y es una obra magnífica, no sólo en el repertorio del clarinete sino en toda la música de cámara. Está compuesta en la tonalidad de Si menor, una tonalidad no muy brillante, y que se convierte en manos de Brahms en una tonalidad nostálgica, algo otoñal por así decirlo.

La versión que nos ocupa está a cargo del magnífico Jack Brymer y el Allegri String Quartet. Jack Brymer, uno de los más famosos clarinetistas británicos, fue un personaje peculiar. Prácticamente autodidacta, consiguió llegar a lo más alto en su país, tocando en las más famosas orquestas, y además sin dejar de lado otro tipo de repertorios menos "serios", como el jazz o la música ligera.
En cuanto al Cuarteto Allegri, en esta ocasión estaba compuesto por Peter Carter, David Roth, Prunella Pacey y Bruno Schrecker. Y recalco lo de "en esta ocasión" por la cantidad de gente que ha pasado por sus atriles: nada menos que 5 instrumentistas diferentes por cada instrumento, según la Wikipedia.

El sonido del cuarteto se adapta de maravilla a la obra de Brahms: es un sonido redondo, poco brillante, algo mate pero enormemente expresivo. Escuchemos el comienzo del quinteto:

En la entrada del clarinete se puede escuchar el fantástico sonido de Brymer, muy peculiar, por otra parte; un sonido definido, con un cierto ataque (muy diferente, por ejemplo, de la sedosidad de Karl Leister) pero que tiene una manera muy curiosa y atractiva de mantener las notas largas, como dejándolas caer y añadiendo un ligerísimo vibrato.
Escuchemos también, en el minuto 0:45 del ejemplo anterior, la manera delicada en la que la cuerda toca la melodía, dosificando perfectamente el volúmen para llegar al forte un poco más tarde con un gran efecto

Otro ejemplo del cuidado del sonido de este grupo es el comienzo del segundo movimiento.

El clarinete, delicadísimo, vuela sobre una cuerda con sordina que le brinda un acompañamiento mullido y redondo. Destacaré también, en el minuto 1:12, la manera mágica en la que toca la cuerda: con un hilo de sonido, de una gran expresión pero sin caer en la tentación de que suene extrovertido o brillante, sino todo lo contrario: una sensación de relajación increíble. Parece como si el tiempo se detuviera y no hubiera ninguna prisa...

El último fragmento que citaré es la parte central de este mismo movimiento, una parte libre, de tipo rapsódico, y que es la que recibe mayor número de versiones diferentes entre los clarinetistas que tocan esta obra.

En el minuto 0:41 Jack Brymer opta por un sonido resonante, que suena como si fueran campanadas: cada nota se relaja una vez atacada, y aparece un poco de vibrato (¡vibrato en el clarinete, qué horror!, dirán todos los clarinetistas del mundo mundial...). Decidme si no es original y atractiva esta manera de interpretar este fragmento central.

Tengo otras versiones de esta magnífica obra: Leister-Amadeus, Leister-Brandis, Stolzman-Tokyo e incluso la de Lluna-Tokyo (Joan Enric Lluna, espléndido clarinetista y además, amigo), pero ésta de Jack Brymer y el Allegri Quartet sigue estando en lo más querido de mi discoteca, por muchos años que pasan.

Completa el disco un Adagio de un tal Heinrich Joseph Baermann (1784-1847), que no sé por qué extraña razón pasó muchos años por ser una obra de Wagner, nada menos. Incluso en la carátula del disco así lo dice. Es una obrita agradable, del estilo de Weber, que no aporta gran cosa, y que además después de la maravilla de Brahms palidece enormemente. Siempre queda el recurso de apagar el Compact disc una vez se ha escuchado el último acorde de Brahms...


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