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miércoles, 24 de abril de 2013

Mis CDs favoritos(5): Brahms, Trios (Katchen, Suk, Starker)


Cuando comencé con esta serie de entradas sobre mis CDs favoritos, no lo hice con ningún orden, pero si lo hubiera tenido que hacer, casi sin ninguna duda uno de los primeros puestos sería para el album que nos ocupa, los tres tríos con piano de Brahms, por Julius Katchen (piano), Josef Suk (violín y Janos Starker (violonchelo).
Es uno de los casos en los que me cuesta hablar solo de la versión, porque es que la música es de las que más me gusta, emociona y llena. Casi toda la obra de cámara de Brahms es excelente, pero en los trios alcanzó un nivel excelso.


Y los intérpretes... comenzando por Julius Katchen, justamente su album con la música para piano solo de Brahms es contemplado como una de las referencias discográficas. Y en estos trios la parte de piano está interpretada de manera magistral: consigue una ligereza increíble en la concentrada e incómoda escritura de Brahms, resaltando en cada momento lo más importante. Y eso es mucho más importante cuando estás tocando con dos instrumentos de cuerda, cuando si no tienes cuidado puedes sepultarlos literalmente en una enorme maraña sonora.
Janos Starker no es el más expresivo de los violonchelistas, su manera de tocar es concentrada y algo distante, pero en estos discos parece que se contagia de sus compañeros y consigue momentos de gran belleza.
Pero quien (a mi entender) destaca es el checo Josef Suk. No habiendo sido un solista que gozara de la fama de otros, me es difícil encontrar un sonido de violín más bonito, redondo, terso y puro. Su vibrato es intenso y variado, y su expresión es realmente emocionante.

Escuchemos el comienzo del Trio nº 1 en Si menor:
Tras unos pocos compases de piano solo, de una claridad increíble, Starker comienza con un cierto abandono, una cierta reserva, como dosificando su expresión para lo que vendrá después. Cuando en 0:42 comienza el violín toda la contención desaparece, y Suk es todo generosidad de sonido, amplitud y belleza.

Escuchemos ahora un fragmento del tema y variaciones del segundo trio en Do M.
Tal vez sea mi movimiento preferido. En La menor, es una melodía preciosa, triste, pero de una tristeza sana, como esperanzada... Bien, está claro que no me sé expresar mejor. Mejor, escuchadlo. Los dos instrumentos de cuerda, tocando con una compenetración increíble, y el sonido de Suk es de una belleza increíble. Como ejemplo, fijaos en el pequeño rubato del minuto 1:09. La manera en que Suk destaca su primera nota, adelantándola ligeramente y prolongándola, es un detalle de su enorme calidad y expresividad. O el apasionado diálogo de la cuerda en 2:14. O la extrema delicadeza con la que acompañan al piano en la segunda variación (a partir del minuto 2:52).

El siguiente ejemplo es todo lo contrario:
En este tercer movimiento del mismo trio, todo es ligereza y claridad. Y eso es enormemente difícil con la escritura pianística de Brahms, os lo aseguro.

Para cambiar, el comienzo del 3º Trio, en Do menor, es casi orquestal:
Junto con la explosión sonora del comienzo, con su escritura en dobles cuerdas y amplios acordes, contrasta la sencillez del segundo tema, en 1:11, tocado en octavas por la cuerda, de una manera espléndida.

Y acabo con el 2º movimiento de este 3º trio. No he podido resistir ponerlo entero, no sabría por donde cortar:
Movimiento misterioso, con la cuerda con sordina, es una maravilla de escritura. Es increíble la manera en que Suk y Starker acompañan a Katchen con sus dobles cuerdas en pianísimo, o el fragmento central con sus diálogos de pizicatti, o en la reexposición, cuando la cuerda lleva el tema (minuto 2:04). Toda una lección de música de cámara, qué manera de dialogar, pasarse el tema de uno a otro, de construir toda una frase de manera coherente pese a estar tan fragmentada en los tres intrumentos. Una delicia.




martes, 16 de abril de 2013

Mis CDs favoritos(3): Brahms, Quinteto con clarinete (Jack Brymer)




De entre los instrumentistas de viento, los clarinetistas se pueden sentir privilegiados, por tener uno de los repertorios de mayor calidad de su grupo. Tan sólo citando a Mozart o Brahms ya tenemos unas cuantas obras maestras que serán la envidia de flautistas, oboistas, etc. El quinteto o el concierto de Mozart, las sonatas de Brahms o el quinteto de éste último, que es la obra que nos ocupa.
El Quinteto op. 115 está compuesto para clarinete y cuarteto de cuerdas, y es una obra magnífica, no sólo en el repertorio del clarinete sino en toda la música de cámara. Está compuesta en la tonalidad de Si menor, una tonalidad no muy brillante, y que se convierte en manos de Brahms en una tonalidad nostálgica, algo otoñal por así decirlo.

La versión que nos ocupa está a cargo del magnífico Jack Brymer y el Allegri String Quartet. Jack Brymer, uno de los más famosos clarinetistas británicos, fue un personaje peculiar. Prácticamente autodidacta, consiguió llegar a lo más alto en su país, tocando en las más famosas orquestas, y además sin dejar de lado otro tipo de repertorios menos "serios", como el jazz o la música ligera.
En cuanto al Cuarteto Allegri, en esta ocasión estaba compuesto por Peter Carter, David Roth, Prunella Pacey y Bruno Schrecker. Y recalco lo de "en esta ocasión" por la cantidad de gente que ha pasado por sus atriles: nada menos que 5 instrumentistas diferentes por cada instrumento, según la Wikipedia.

El sonido del cuarteto se adapta de maravilla a la obra de Brahms: es un sonido redondo, poco brillante, algo mate pero enormemente expresivo. Escuchemos el comienzo del quinteto:
En la entrada del clarinete se puede escuchar el fantástico sonido de Brymer, muy peculiar, por otra parte; un sonido definido, con un cierto ataque (muy diferente, por ejemplo, de la sedosidad de Karl Leister) pero que tiene una manera muy curiosa y atractiva de mantener las notas largas, como dejándolas caer y añadiendo un ligerísimo vibrato.
Escuchemos también, en el minuto 0:45 del ejemplo anterior, la manera delicada en la que la cuerda toca la melodía, dosificando perfectamente el volúmen para llegar al forte un poco más tarde con un gran efecto

Otro ejemplo del cuidado del sonido de este grupo es el comienzo del segundo movimiento.
El clarinete, delicadísimo, vuela sobre una cuerda con sordina que le brinda un acompañamiento mullido y redondo. Destacaré también, en el minuto 1:12, la manera mágica en la que toca la cuerda: con un hilo de sonido, de una gran expresión pero sin caer en la tentación de que suene extrovertido o brillante, sino todo lo contrario: una sensación de relajación increíble. Parece como si el tiempo se detuviera y no hubiera ninguna prisa...

El último fragmento que citaré es la parte central de este mismo movimiento, una parte libre, de tipo rapsódico, y que es la que recibe mayor número de versiones diferentes entre los clarinetistas que tocan esta obra.
En el minuto 0:41 Jack Brymer opta por un sonido resonante, que suena como si fueran campanadas: cada nota se relaja una vez atacada, y aparece un poco de vibrato (¡vibrato en el clarinete, qué horror!, dirán todos los clarinetistas del mundo mundial...). Decidme si no es original y atractiva esta manera de interpretar este fragmento central.

Tengo otras versiones de esta magnífica obra: Leister-Amadeus, Leister-Brandis, Stolzman-Tokyo e incluso la de Lluna-Tokyo (Joan Enric Lluna, espléndido clarinetista y además, amigo), pero ésta de Jack Brymer y el Allegri Quartet sigue estando en lo más querido de mi discoteca, por muchos años que pasan.

Completa el disco un Adagio de un tal Heinrich Joseph Baermann (1784-1847), que no sé por qué extraña razón pasó muchos años por ser una obra de Wagner, nada menos. Incluso en la carátula del disco así lo dice. Es una obrita agradable, del estilo de Weber, que no aporta gran cosa, y que además después de la maravilla de Brahms palidece enormemente. Siempre queda el recurso de apagar el Compact disc una vez se ha escuchado el último acorde de Brahms...


lunes, 8 de abril de 2013

Guía de Audición: Brahms, Cuarteto nº 2


En este caso me voy a dedicar al cuarteto nº 2 en La m, op. 51 nº 2, de Brahms. La música de cámara de Brahms es de la que más me atrae: no hizo muchas obras de cada tipo, pero la suerte es que cultivó muchas formaciones diferentes: Trios con piano, cuartetos, cuartetos con piano, quintetos, sextetos, sonatas, etc. ¿Por qué el cuarteto nº 2? Pues por ninguna razón en especial, tal vez por no hablar de alguna pieza más conocida, como el bellísimo Quinteto con clarinete, no sé, la verdad.

La razón de escoger para los ejemplos la versión del Borodin Quartet es que adoptan un tempo algo más lento que el Alban Berg, que creo que le viene mejor a este cuarteto tan lírico.

Aquí tenéis la partitura, por si queréis seguirla.

Primer movimiento, Allegro non troppo

Ejemplo 101
El Primer movimiento, Allegro non troppo, comienza con una amplia melodía encomendada el 1º violín. Se trata de una lírica melodía, pero no exenta de cierta ansiedad, acentuada por los silencios, construida como a impulsos sucesivos. La instrumentación es sencilla: el 1º violín con la melodía, la viola con unos tresillos de negras en legato y los otros dos intrumentos en segundo plano, aunque el 2º violín luego se une al 1º. Señalaré en el minuto 0:31 del ejemplo (compás 18) el recurso de poner una pausa general y repetir las notas anteriores, más lentas, como para darle más importancia. Después viene una idea secundaria con síncopas(compás 20, minuto 0:34 del ejemplo), que será muy usada más tarde.
(Explicación: la definición de síncopa es la de una nota que comienza en un tiempo o parte débil y se prolonga a un tiempo o parte fuerte. Todos, aunque no sepamos música, podemos seguir fácilmente los tiempos fuertes de una composición. Pues bien, las síncopas no coinciden con esos ritmos fuertes, sino que van algo “solapadas”, por así decirlo.)