martes, 7 de mayo de 2013

Mis CDs favoritos(8): Bartok, 44 Duos (Vegh, Lysy)


Los 44 Duos para dos violines de Bela Bartok son una obra que, en su origen, tuvo un enfoque puramente pedagógico. Nacieron como un encargo del pedagogo alemán Erich Doflein, que tenía en mente encargar una serie de piezas fáciles a compositores contemporáneos, con el propósito de acostumbrar a los alumnos a la música más actual. De manera que Bartok se puso a ello, pero sus primeras piezas fueron consideradas de extrema dificultad, hasta que al final completó estos 44 dúos, de una dificultad creciente, desde los más simples a los más complicados.

Como era de esperar, Bartok aprovechó también estas piezas para introducir, además del lenguaje contemporáneo, la música folclórica de Hungría y sus países vecinos, misión a la que dedicó gran parte de su vida. Algo que volvería a hacer unos años más tarde con el Mikrokosmos para piano, una serie de 6 volúmenes de piezas para piano, que también son una obra pedagógica de primer nivel.


Aparte de la importancia de las obras, tenemos la suerte de contar con esta versión discográfica, a cargo de Sandor Vegh y Alberto Lysy.
Hablar de Sandor Vegh es hablar de una de las mayores personalidades en la música de cámara: miembro del mítico Cuarteto Húngaro y, más tarde, de su propio cuarteto, el Vegh, su dedicación a la música de cámara sería constante durante toda su vida. Pero es que además, con su cuarteto, tuvo la ocasión de estudiar con el propio Bartok, estrenando alguno de sus cuartetos, de manera que tenemos ocasión de ver "de primera mano", la manera en que debe sonar esta música.
En cuanto a Alberto Lysy, no siendo una figura de la importancia de Vegh, fue un buen violinista que tuvo la suerte (o la inteligencia) de juntarse con gente muy importante, como Vegh o, sobre todo, Menuhin. En esta grabación se nota que está perfectamente en sintonía con su compañero, y el conjunto es muy bueno.
Afortunadamente, existe una grabación en video de estos mismos dúos con estos intérpretes, y es una maravilla verlos tocar. Es curioso ver tocar a Sandor Vegh, con unos 60 años, algo envejecido pero con una manera de tocar que me parece idónea para esta música.



Siendo una colección de piezas de dificultad progresiva, escucharlas por orden puede resultar muy pesado, ya que las primeras son poca cosa. De manera que, muy acertadamente, se tomó la decisión de grabarlas en otro orden, alternando entre algunas más fáciles y otras más complicadas. De todas formas, no esperemos que sean unas piezas aburridas, al ser pedagógicas: todo lo contrario, musicalmente son pequeños tesoros, de una variedad e imaginación increíbles.

Como ejemplo, escuchad el nº 32, "Chanson a danser"


Observad la complejidad rítmica, con sus ritmos enfrentados. Como muchas obras de Bartok, una manera sublime de aprovechar ritmos y melodías folclóricas y darles una nueva vida...

Uno de los más famosos duos es el nº 22, "Danse des moustiques", y su título es absolutamente descriptivo:

Nos parece estar escuchando un par de mosquitos. Recuerda especialmente, por el empleo de la sordina y otros aspectos, al 2º movimiento del segundo cuarteto, comentado ya en este mismo blog

Otro duo característico es el nº 43, "Pizzicato"


Es increíble el sonido que saca Sandor Vegh de los pizzicati, la forma en que consigue que sean resonantes como en una guitarra. Es una manera poco escolástica de conseguirlo, pero el resultado es muy curioso.

A continuación, el nº 28, "Chagrin" (algo así como "lamento").


Nos sirve para ilustrar la manera en que consiguen hacer los duos más lentos con una enorme expresividad. Hay que señalar que no pretenden tocar "bonito", sino con una profunda emoción. Y si para ello el sonido tiene que sonar algo desgarrado, como en el minuto 0:29, pues no se lo piensan dos veces. También nos fijaremos en las hirientes armonías, sobre todo con las dobles cuerdas del final del ejemplo.

Y, como final, el duo nº36, "Cornemuse", que imita a una gaita:

A resaltar que, a partir del minuto 1:06, se repite la pieza pero cambiando ligeramente los ritmos del acompañamiento y añadiendo mordentes a la melodía, como recordando los saltos y ruidos característicos de la gaita o también de la zanfoña. Un efecto muy bien logrado.


Se trata, en suma, de un disco que, a pesar de que por ser pedagógico, pueda parecer poco interesante, es todo lo contrario. En primer lugar por la calidad musical de las piezas, y en segundo por la interpretación, que resulta de los más auténtica y que llena de sentido y complementa a la música. Tengo otras versiones en disco, a menudo tocadas por violinistas de muchísimo más nombre, pero que, sonando mucho más "bonito", hacen que esta música no tenga el mismo significado ni expresividad y pierda muchísimo.

2 comentarios:

  1. Felicidades por este blog tan bien presentado y, sobretodo, por su contenido y comentarios acertados y bien explicados.
    Aunque como bien dices, hacen un dúo perfecto con Alberto Lysi, la presencia de Sandor Vegh lo llena todo. Me recuerda a otra grabación de David Oistrakh con su hijo en la que la figura del padre lo abarca todo.

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  2. Muchas gracias por tu comentario, Mercedes.
    Tienes razón con lo de Sandor Vegh. Por muy bien que toque Lysy, (que toca muy bien) es cierto que Sandor Vegh siente esta música de una manera muy diferente, y eso se nota.

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